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Los 15 minutos de fama de ‘One Pound Fish’

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Ésta es la historia de un tipo llamado Muhammad Shahid Nahir. Un nombre común para un paquistaní el cual, como un día cualquiera, se despertó para ir a trabajar a la pescadería en la que lo hacía. Hasta aquí todo normal. Y habitual. Para él, al menos.

Ese día, su jefe, preocupado porque las ventas eran menores últimamente, le dijo a Shahid que gritara de vez en cuando algo para llamar la atención de los posibles clientes. Y a nuestro protagonista se le ocurrió una canción en el poco inglés que sabía. “Una libra, un pescado, muy barato, seis por cinco libras…”. Y poco más. O poco menos. El resultado fue que el rumor se extendió y la gente se comenzó a agolpar (y a acudir al mercado) solamente para escuchar su ‘actuación’. Sigue leyendo

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“Hola, soy un fan, ¿me escuchas?” Los casos de Águila Roja y El Barco

Esta mañana he publicado el artículo “Hola, soy un fan, ¿me escuchas?” Los casos de Águila Roja y El Barco en Genbeta Social Media.

Comienza así:

Corría el verano de 1992. El mismo de la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Yo era un niño y nunca había comprado una revista. Entonces, me paré junto a mi padre en un kiosco y vi una de baloncesto. En portada estaba Arvydas Sabonis, el mejor jugador europeo de baloncesto al que he visto sobre una cancha de basket, quien estaba a punto de firmar por el Real Madrid proveniente del Fórum Filatélico de Valladolid. “¿Me la compras, papá?”, le pregunté. “¿Cuánto cuesta?”, dijo él. “Pone 225 pesetas”, le dije, expectante. “Cógela”, me dijo.

Me leí todas y cada una de las páginas de esa revista infinidad de ocasiones. Y, desde ese día hasta que acabé COU (2º de Bachiller, para los de la LOGSE), todos los martes a las 7:35 de la mañana compré un nuevo ejemplar de esa revista en el mismo kiosco. El baloncesto se convirtió en mi ocio, en mi mayor fuente de alegrías y en mi pasión. Jugaba en un equipo, veía partidos, tenía la habitación llena de fotos de jugadores. Trataba de consumirlo por todos los lugares en los que era posible: partidos en televisión, revistas, periódicos, partidos en directo… Soñaba con tener unas Jordan (tardé 20 años en cumplir ese sueño). Me convertí en un fan. No en un espectador, no. Era, repito, un fan. Porque vivía aquello con pasión, formaba parte de una comunidad y consumía toda su narración (o toda la que podía). Seguro que si preguntarais a mis compañeros de clase de esa época dirían que era un loco del basket. Era un todo que formaba mi personalidad. Era un “fan Transmedia”. (CONTINÚA)

Se puede leer el artículo completo haciendo clic aquí.