¿Nos hace la hiperconexión más infelices?

hiperconexion

Hace un mes, aproximadamente, me disponía a dormir la siesta junto con mi chica. Todo en orden hasta que me acordé de que no me gusta que me despierten las pocas veces que, por desgracia, practico esta sana costumbre.

– Pon el móvil en modo avión – le dije.

– ¿Cuál de todos? – me respondió ella.

Entonces, miré a la mesa y vi que había cinco móviles encima. Pusimos todos y cada uno de ellos en silencio y apagamos la televisión mientras bajábamos la tapa de un portátil. En un momento habíamos tenido que desconectar siete pantallas. ¡Siete pantallas! Un auténtico horror. Y lo peor de todo es que podría haber sido peor si hubiéramos tenido los tablets u otro ordenador de los que hay en casa cerca.

El caso es que ese hecho me ha hecho reflexionar bastante últimamente sobre si esta nueva realidad nos quita más de lo que en principio creemos que nos da: siempre conectados pero, en realidad, siempre dispersos.

Hace un tiempo leí una noticia que citaba un estudio en el que decía algo así como que el 40% de las personas que necesitan utilizar un dispositivo conectado pero no tienen cerca el que quieren no se levantan a por él sino que acaban haciendo esa tarea con el que tienen más cerca. Nos hemos vuelto tremendamente vagos y perezosos. Debería tratar de intentar rescatar ese estudio, estoy seguro de que las cifras han aumentado. Otro estudio reciente de Twitter dice que desbloqueamos 110 veces de media nuestro smartphone al día.

Por otro lado, ya nos hemos acostumbrado a estar hablando con alguien y que éste consulte su móvil mientras. Ni siquiera nos parece una falta de respeto cuando en realidad lo es. En mi grupo de trabajo tuvimos que obligarnos durante un tiempo a dejar todos los móviles encima de la mesa cuando comíamos porque había veces que los tres o cuatro que éramos estábamos escribiendo por el móvil a la vez, sin hablarnos ni mirarnos a la cara. Una vez vi entrar en un autobús a cuatro amigas juntas que se sentaron, sacaron su móvil y empezaron a escribir. Estoy seguro de que estaban en el mismo grupo de WhatsApp.

Estos días atrás, en Cuba, mi amiguete argentino Fabián Zampedri me decía argumentos realmente interesantes sobre esto. Para él, ese hecho de poder tener internet en la palma de la mano simboliza el poder tener en todo momento lo que anhelas. “Si deseas algo ahora mismo, ahí está”, me comentaba, “para colmar nuestro vacío de infelicidad”, añadía.

Pero esta mierda engancha mucho. La droga en forma de mensaje de WhatsApp, ‘Me gusta’ en Facebook o email entrante nos ha alejado de uno de los principales sentidos del ser humano: la comunicación. Porque muchas de estas formas quieren ser denominadas así pero no lo son.

Conozco incluso a teenagers que utilizan determinados hashtags en Instagram para tener más ‘Me gustas’. Son de gente que ni conocen ni conocerán nunca pero no importa: parece que tienen más popularidad que el otro. Hace 15 años yo me pasaba horas y horas en el patio de mi colegio jugando a basket. Ahora, los jóvenes están cada uno mirando la pantalla de su teléfono, en silencio, hasta que uno de ellos ve algo en éste que le llama la atención y se lo pasa al resto. Visto así es verdaderamente penoso.

Por eso me pregunto en voz alta: ¿nos hace la hiperconexión más infelices?

Y es en un lugar como Cuba, donde el acceso a internet es una utopía para más del 90% de la población, donde más me ha llamado la atención ver a personas que se sientan a la mesa y conversan sin distracciones, centrados en lo que comentan. “No tienen nada pero realmente los que no lo tenemos somos nosotros”, me decía ayer mismo sobre esto mi amiguete Luismi Barral. También en Cuba he visto a otras personas en la calle, sentadas sin hacer nada. Bueno, o sí, tal vez haciendo algo que en su día creo que las sociedades hiperconectadas hicimos y ya nos pilla demasiado lejos: pensar mientras veíamos la vida pasar.

Imagen: Esther Vargas en Flickr

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4 Respuestas a “¿Nos hace la hiperconexión más infelices?

  1. Infelices no sé, dependientes si!

    La era de la información tiene al mismo tiempo su reverso tenebroso. Ves a personas al lado de otras personas: sin relacionarse. Están “conectados” con otr@s que, en muchos casos, ni si quiera conocen en la realidad.

    Sin embargo cumple su función dentro de la necesidad “social” de los homínidos evolucionados.

    Algunas veces al ver la pantalla del móvil me recuerda el concepto de “a través del espejo” de Lewis Caroll.

    Buen fin de semana.

    PD: Viva la siesta!!!

    N.

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