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Reflexiones

Maestros tomateros

Publicado el 27 agosto, 2026

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El lunes me quedé mirando un bote de tomate frito en el supermercado, me resultó curioso.

Desde hace unos meses me cuesta más leer textos pequeños por aquello del inicio de la presbicia (pero este es otro tema para otro día en el que quiero hablar de por qué ciertas marcas escriben lo importante en pequeño, como ocultando algo).

Así que vengo aquí a ver qué opináis.

En la tapa ponía prácticamente de todo: que si «A fuego lento», que si «Sin azúcares añadidos», que si «Con aceite de oliva», que si «Hecho a mano», que si «Gourmet», que si «estilo Kikí». Kikí debe de ser un maestro tomatero.

Tenía seis reclamos diferentes que, lejos de sonarme que era algo bueno, me parecieron excusas. Y el que se excusa se acusa.

Mi cerebro decidió cruzarlo (ni idea de por qué) con la noticia de que el 2 de agosto empezó a ser obligatorio etiquetar el contenido hecho con IA.

El caso es que me vengo haciendo desde hace un tiempo la pregunta de: «¿Acabaremos pagando más por lo que esté hecho sin IA?».

Creo que en parte sí, y tengo sensaciones encontradas.

Sí, porque lo hecho a mano va a ser más lento y más caro de producir, y porque habrá quien quiera pagar por saber que hubo alguien delante. Mis horas valen esto… y, como tardo más que un robotito, te lo tengo que cobrar más caro.

Y no del todo buena, porque con lo ecológico, lo bio, lo eco-friendly y demás etiquetas ya vimos cómo todo se llenó de sellos que no garantizaban gran cosa y de precios que no se correspondían con que de verdad el producto fuera mejor.

«Sin IA» o «IA-free» puede acabar siendo exactamente eso, una pegatina (o un sticker digital, si procede) que sube el precio sin mejorar el producto.

Y aquí es donde llego a mi moraleja personal, si se pudiera llamar así.

Creo que una cosa mal escrita sigue estando mal escrita, aunque la haya escrito una persona.

Y una mala idea la puedes intentar mejorar con IA, pero no llega a ser buena solamente por tener IA.

Y creo que en nuestro oficio lo que se va a poder cobrar más caro es que haya un autor detrás: alguien decidió qué contar, qué dejar fuera y por qué.

Eso ya se cobraba antes. Lo que pasa es que hasta ahora no había forma de demostrarlo, y ahora la etiqueta obliga a enseñar los fogones (pocas cocinas lo hacen por si no están muy presentables para los comensales).

Los que solo tenían herramienta lo van a notar.

Pero, y aquí está lo que, en mi opinión, es lo mejor de todo: los que sí tenían algo que decir, también. Pero… para bien.

No se pagará la ausencia de IA.

Se pagará la presencia de autor.

¿Qué opinas tú?

Soy fundador y director creativo de la agencia FLUOR Lifestyle y cofundador de StoryGods, la escuela de quienes quieren ser historias. También fundé la Asociación Innovación Audiovisual. Soy autor del cómic ‘100 crisis de un papá primerizo‘ e imparto formación en 11 países. Si te apetece, puedes suscribirte a mi blog aquí, estar atento a nuestros cursos aquí o plantearnos un proyecto a FLUOR aquí. Gracias por leerme.

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