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Reflexiones

El día que llegué a los 2.000 followers y fui #GurúPorUnDía

Publicado el 11 julio, 2012

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Ayer llegué a los 2.000 seguidores en Twitter. Llevaba mucho tiempo esperando ese día. Desde el momento en el que creé mi cuenta en Twitter, vamos. Y estaba ahí. Me iba a convertir en lo máximo: un gurú del Social Media. 

Entre el calor y los nervios, lo cierto es que no dormí nada bien la noche anterior y a las siete de la mañana ya estaba en pie. Me puse mis calzoncillos de la suerte, me eché colonia de la cara, cargué a tope mi iPhone 4S… y me senté a esperar. Para alcanzarlos tuiteé una cita de coaching, normalmente calo hondo con esas cosas y la gente me retuitea mucho porque se creen que soy súper profundo. 

Y así fue. 1.997, 1.998, 1.999… y 2.000. Por fin. “Uf, qué alivio”, pensé. Pero no pasó nada. Todo seguía igual. “Tal vez es que no hace efecto hasta pasadas unas horas”, seguí pensando. Entonces razoné y decidí que lo mejor era saborear ese momento, así que me tumbé en el sofá del salón, cerré los ojos y comencé a recordar. “Esto es lo más parecido a eso que llaman ver la luz”, quise creer en mis adentros. Respiré hondo. Una vez. Otra. Y a mi cabeza se vinieron esos momentos en los que retuiteaba a los que consideraba importantes sin ni siquiera leerme lo que enlazaban. “Ahora harán eso conmigo”, pensé, “pero seguro que lo mío se lo leen”, sonreí, satisfecho.

“Joder, es que son 2.000 followers, que no es ninguna tontería”, proseguí, a lo mío, “¡seguro que en mi comunidad de vecinos no hay nadie con tantos!”.

Y es que estaba a punto de transformarme en un influencer. No una persona influyente o con influencia, no. Un influeeeeeeencer (pronunciado arrastrando la “e” y con voz de Carmen Lomana). “Soy #lomásdelomás”, pensé. Y es que había llegado un punto tal de armonía ‘socialmediática’ en mi espíritu que ya hasta pensaba en hashtags. Como cuando sabes muy bien un idioma y piensas en él. Tremendo.

“Ahora pueden mencionarme y si no me da la gana no les contesto y menos si no son CEO de una empresa“, me dije, “y como se pongan un poco tontos les mando una mention en público diciendo que no me gusta su servicio”. Pero todo esto eran pequeñas auto-distracciones en mi mente porque el caso es que seguía sin pasar nada. Y yo no podía quedarme quieto.

Entré en LinkedIn y me suscribí a todos los grupos de emprendedores que encontré. “Se van a enterar éstos de quién corta el bakalao (el ‘techno’, vamos) aquí”, dije, mientras copiaba y pegaba citas de Steve Jobs en todos. “El que no recomiende esto no sabe de modelos de negocio en internet”, sonreía. Había determinados momentos que me daba incluso miedo a mí mismo. Si hubiera tenido un gato cerca, lo habría acariciado y habría reído como uno de los malos en las pelis mientras me brillaba el ojo. Rollo José Luis Moreno pero sin Macario.

Bueno, pues ayer fui #GurúPorUnDía. Y no pasó casi nada.

Ahora, desde la perspectiva que me da la distancia, pienso que la verdad es que me esperaba más de ser gurú. Pasaron cosas pero me defraudó un poco. No voy a negar que no notara que ayer la gente me miraba distinto, como diciendo “¡qué cabroncete, si encima tiene un coche bueno y una novia rubia no se le ocurrirá pedir más a la vida…!”. Pero es porque tengo buen ojo y soy bastante observador. Es tan sutil que, si no estás atento, casi ni lo percibes.

También noté que medía tres o cuatro centímetros más. Y me sorprendió bastante lo que me dijo el panadero:

– ¿Qué te pasa en el pecho, Eduardo?

– A mí nada, ¿por?

– Vas hinchado, como embrutecido. ¿Estás bien?

“Tú calla la boca, mediocre”, pensé, “que seguro que no tienes ni Flickr”. El tipo sabía de sobra que yo era un gurú pero me venía con eufemismos. No colaba. Era #GurúPorUnDía y eso significaba que me las sabía todas.

Hoy me he despertado con esos 2.000 seguidores. Y sigo siendo el mismo que la semana pasada. Tal vez el efecto #GurúPorUnDía solamente dure unas horas. Mejor. Porque creo que empezaba a pensar (y, lo que es peor, a decir en voz alta) más bobadas que de costumbre.

Dedicado a todos esos gurús de pega. Vosotros también decís bobadas. Algunos, muchas. Y otros, cuantos más fooooooooollowers tenéis, parece que más todavía. Bajad del iCloud. Digo de la nube.

Del mismo autor pero en otra etapa -ni mejor ni peor- de su vida: “No me llames Community Manager“.

Y de incluso otra etapa más… no sabría cómo definirla… diferente, quizá: “¿Qué cojones hace un Community Manager?

Escrito por @EduardoPradanos, librepensador social. Ahora dice que está escribiendo un libro. El caso es hacerse el gurú.

Este post lo escribí originalmente en Mis Apis por tus Cookies y puede leerse también aquí. Todos mis artículos en dicho medio están disponibles aquí.

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Soy Eduardo Prádanos, fundador de la agencia creativa FLUOR Lifestyle. También fundé hace unos años la Asociación Innovación Audiovisual y hace poco creé el cómic transmedia ‘100 crisis de un papá primerizo‘. Soy director del Posgrado en Branded Content y Transmedia Storytelling y profesor en varias instituciones en España y Latinoamérica, como la EICTV.

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