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Reflexiones

Cinco adjetivos y un verbo

Publicado el 26 octubre, 2020

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Una de las cosas que me ha gustado hacer desde que era pequeño y que aún mantengo es apuntar cada palabra que me llama la atención. Lo hago por diversos motivos: porque no la he escuchado nunca, porque sé lo que significa pero la utilizo pocas veces, porque la usaba hace tiempo y dejé de hacerlo y también porque creo que es una palabra bonita que me gustaría incorporar a mi vocabulario.

El caso es que cuando rediseñé mi blog el año pasado, una de las secciones que creé fue la que llamé “Diccionario: la magia de nuestro idioma“. Y estaba pensada precisamente para lo que contaba antes: para que las más bellas palabras de nuestro idioma no caigan en mi olvido. Cada vez siento más que si no escribo sobre lo que me inquieta, no se fija verdaderamente en mí.

Como la RAE ya tiene sus acepciones y sería ridículo que esto tuviera por objeto sustituir aquello, lo que hago en mi diccionario es definirlas a mi estilo, como me gustaría que fueran descritas.

En los últimos días he definido seis palabras. Son cinco adjetivos y un verbo. Y, aunque están recogidas en su propia sección dentro del blog, las dejo por aquí también:

  • Contumaz: De prefijo latino “con-” como acción conjunta, “tumere” como inflarse o crecer y “-az” como sufijo que expresa ser tendente a algo, la persona contumaz se hincha cual tum-or, comenzando en rebeldía y acabando en grosería.
  • Plúmbeo: Por no hastiar demasiado al lector con esto: plúmbeo es tan aburrido que resulta plomizo, molesto.
  • Montaraz: Es de suponer que montaraz no será interpretado de igual forma por mi padre (criado en el monte del Cerrato palentino) que para esos hoy llaman Cayetanos, que hierbajos quizá tienen pero el monte les pilla a desmano.
  • Lisonjero: Lisonjero es, como casquivano, un adjetivo al que le gusta jugar a ser sustantivo. Alaba y adula con impostura para, con su regusto a ambrosía, salirse con la suya. Si se pasa es lamebotas, si delata es sicofante y cuando viaja hasta Latinoamérica se convierte alzafuelles, jalabolas, arrastrado e incluso -suena duro- lambeplatos.
  • Casquivano: Casquivano es un adjetivo pero está tan hueco que se difumina a veces a sustantivo. “Casqui” de casco y “vano” de vacío. Es, por tanto, un cabeza hueca, un atolondrado con poco de lleno y mucho por rellenar. Y esto, según parece, resta sensatez y, también dicen, formalidad. Por si no fuera esto suficiente, se dice que es casquivano el de sexo libre, aunque no seré yo quien juzgue si es eso bueno o malo y mucho menos quien incite a rellenar ese hueco, dios me libre.
  • Aquilatar: Si lleva el “quilate” en su nombre, quizá no haya mucho más peso que darle. Aquilata quien comprueba si el oro (o algún mineral precioso y supuestamente valioso) lo es de verdad o se trata de una farsa, que, por cierto, las hay muchas y muy falsas.

 

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Soy Eduardo Prádanos, fundador de la agencia creativa FLUOR Lifestyle. También fundé hace unos años la Asociación Innovación Audiovisual y hace poco creé el cómic transmedia ‘100 crisis de un papá primerizo‘. Soy director del Posgrado en Branded Content y Transmedia Storytelling y profesor en varias instituciones en España y Latinoamérica, como la EICTV.

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